El embarazo es una de las mejores ocasiones para que una mujer se plantee como base fundamental de su salud el tema de la alimentación, ya que este es el primer cuidado que una madre puede darle a su hijo. La ciencia de la naturaleza y la ciencia de la nutrición se unen aportando todos los ingredientes que irán formando a este nuevo ser, al comienzo de una nueva vida.
Es fundamental saber lo que es bueno para la madre o para el hijo y viceversa. Es decir, los nutrientes que debería tomar y los minerales que son necesarios para mantener y conseguir un buen estado de salud de esta unidad de madre-hijo. Una de las primeras cosas que se debe hacer es adoptar una nueva forma de comer y masticar. Se debe de comer más pausadamente, insalivando bien, aprendiendo a masticar y a segregar saliva casi de una forma voluntaria, muy relajadamente.
Lo segundo es una buena organización. Ya sabemos que durante el embarazo se desencadena un fuerte apetito y tendemos a consumir alimentos de lo más variado, pero debemos de controlar desde un principio esta calidad y esta calidad o se nos formará un acumulo de grasa. Sin embargo, tampoco es necesario imponer unas dietas muy estrictas, sino seguir un programa saludable de alimentación. Lo principal, de hecho, solo es que durante la gestación se les suministre correctamente a madre e hijo los nutrientes imprescindibles y la energía necesaria para el desarrollo del feto y de todos los tejidos maternos, así como de las mamas, del útero y de la placenta.







